lunes, junio 30, 2008

28J Instalación ¿cuál es tu ROLLO?


Ni permiso ni perdón, deseos en rebelión




* Me dijiste que era un enfermo

28 de junio – Día del orgullo Lésbico- Travesti-
Intersex- Bisexual- transexual- Gay y de todos los deseos en rebeldía

* Me mandaste al psicólogo para curarme

28 de Junio día de revuelta callejera y
resistencia contra la policía en 1969

* Me dijiste que entre los trabajadores no había putos

28 de Junio día de visibilidad y lucha
contra el orden heteronormativo,
capitalista, patriarcal y racista

* Me dijiste que los travas eran tipos degenerados

28 de Junio día contra la vergüenza y el silencio

* Me dijiste que no me acercara a ella porque era lesbiana

28 de Junio día de fiesta para combatir el estigma

* Me dijiste que me fuera de casa por marica

28 de Junio día de reclamo por nuestros derechos

* Me dijiste que me merecía la muerte por ser trola

28 de Junio día de expresión pública
de nuestros cuerpos insumisos

* Me dijiste que no volviera nunca más a casa con mi novio

28 de Junio día de reflexión para
los y las hetero acerca de su propia identidad

* Me dijiste que ya se me pasaría, que era un capricho

28 de Junio día de rabia contra la discriminación

* Me dijiste que me quedaría sola

28 de Junio día de amores inconvenientes

* Me dijiste que las familias de bien no tenían perversos

28 de Junio día de furia contra la obligatoriedad
de un único modo de vivir el género

* Me dijiste que el que se la come se merece que le peguen una paliza

28 de Junio día de estallido de nuestras voces
contra la opresión y la explotación

* Me dijiste que era una mal cogida, que no encontré al hombre indicado

28 de Junio día de
contarnos los dolores públicamente

* Me dijiste que era inmoral

28 de Junio día de estar juntas y juntos
para nombrar a nuestros muertos y muertas
por el asesinato, la indiferencia, la tortura y el olvido.

* Me dijiste que me callara la boca, que no dijera que era torta

28 de Junio día de placeres subversivos

* Me dijiste que nadie debía enterarse

28 de Junio día de multiplicación
de las opciones de goce y lucha

* Me dijiste que nuestro amor era pecado

28 de Junio día de invención de afectos

* Me dijiste que no tenía futuro

28 de Junio día de imaginación desatada

* Me dijiste que rezando se me pasaría

28 de Junio día de múltiples erotismos y sabores

* Me dijiste que me violaron por mariquita

28 de Junio día de desterrar
normas y prejuicios construidos

* Me dijiste que una paliza me haría entender

28 de Junio día de reivindicación
de las prácticas sexuales no-reproductivas

* Me dijiste que la maestra sospecharía

28 de Junio día de denuncia
de la iglesia inquisidora e hipócrita

* Me dijiste que dejara en blanco esa parte de la planilla, que no la completara

28 de Junio día de memoria empecinada

* Me dijiste que iba a tener problemas

28 de Junio día de exigencias iracundas

* Me dijiste que no te tocara en público

28 de Junio día de lucha política y sexual

* Me dijiste que no me saludabas para que no pensaran mal

28 de Junio día contra la persecución del
silencio, la tolerancia y la corrección política

* Me dijiste que a los de mi clase habría que exterminarlos

28 de Junio, día contra la
violencia de la ignorancia

* Me dijiste que estaba confundida

28 de Junio, día de certezas y dicha

* Me dijiste que era una etapa, que volvería a ser normal

28 de Junio, día contra toda
normalidad, ley, código y moral opresiva

* Me dijiste que si lo daba a conocer perdería privilegios

28 de Junio, día de lucha
contra los micro-fascismos cotidianos


* Me dijiste por qué me quejaba si puedo viajar e ir a hoteles sólo para gays

28 de Junio, día contra
la mercantilización de las identidades
por las políticas neoliberales

* Me dijiste que me ibas a conceder la posibilidad de casarme

28 de Junio, día para decirle al Estado
que no le delegamos el derecho
a decidir cómo vivir nuestros cuerpos, afectos y placeres

NI PERMISO NI PERDÓN, DESEOS EN REBELIÓN

fugitivas del desierto – lesbianas feministas
Neuquén, 28 junio 2008

miércoles, mayo 28, 2008

El persistente afán de provocar: feminismos, prácticas artísticas y producción de subjetividades


Texto preparado y leído en:

1968 - MAYO – 2008
Jornadas Culturales en Bellas Artes - A 40 años del Mayo Francés
"La imaginación al poder"
27 de mayo del 2008 - Neuquén




Hasta el capuchón en que habito, desde muy lejos, me llegan el latir del mundo, sus silbidos y alaridos, con los cuales me atreví a armar, soñando, estos gajos, estas misas con luz violeta.

Marosa di Giorgio. “Misales”



Fugitivas del desierto es la encarnadura de un modo de existencia provisional e híbrido, arrastrada por pulsiones múltiples y dispares. Perseguimos ampliar los horizontes de nuestra libertad, atreviéndonos a "ser otras", distintas de las que nos asignan en forma predeterminada; denunciamos a través de la visibilidad lésbica, el carácter construido de ciertas normas que se presentan como naturales, haciendo especial eje en la heteronorma (esa ficción que pretende hacernos creer que la heterosexualidad es natural). Ensayamos la vertebración de un activismo radical que se erige en primera persona –y autofinanciado- en un contexto marcado por el avance de los fundamentalismos de mercado, de derecha y religiosos.

Para ello, creamos dispositivos de intervención política a través del arte; en ese marco, nada nos es ajeno para expresar -con lenguajes que se combinan en su posibilidad de caos- nuestra mirada corrosiva del mundo. Nuestras acciones políticas devienen de articular teoría, política y arte, que primero hacemos pasar por nuestras propias vidas y cuerpos, siendo siempre esas acciones situadas, es decir, pensadas y configuradas para un determinado espacio socio-político y urbano.

Nuestro repertorio de prácticas provienen de múltiples saberes que se entrelazan, allí están: el comic, el tatoo, la poesía, la ciencia ficción, la novela policial, la pedagogía crítica y postcrítica, la filosofía contemporánea, las artes visuales, el diseño gráfico, el vegetarianismo y la preocupación por el invisible y persistente genocidio de animales, las disciplinas orientales, la teoría queer y feminista, la informática, los estudios culturales, las prácticas sexuales no-reproductivas, etc. Saberes que nos constituyen a nosotras mismas y a partir de los cuales montamos la acción (textos poético-políticos, instalaciones, intervenciones urbanas, objetos-políticos, etc). Desde un contrapunto irónico y con ánimo intrépido e inconformista, dejamos nuestras marcas deliberadas polisémicas en el espacio público, desafiando y provocando –seduciendo- al común de la gente a su lectura/interpretación. Sexualizamos la escena cotidiana, ponemos en evidencia el poder de la marcación del sexo y sus asimetrías; la lesbianizamos, haciendo visibles los placeres sumergidos y prohibidos.

Si pensar es una máquina de guerra, según Deleuze, estamos aquí para establecer unas posibles coordenadas semióticas-materiales de lectura de aquel acontecimiento de agitación político-cultural que fue el mayo francés del ’68, desde nuestras topografías corporales que se alzan en este mundo del capitalismo post-industrial. Por eso, nos imaginamos al encarnar fugitivas como un laboratorio de recursos contra-hegemónicos desde el cual activamos prácticas y estrategias de resistencia mediante un trabajo creativo que cuestiona los límites de la privatización de los conocimientos.

Definidas por los dispositivos de control de la sexualidad como mujeres, nosotras queremos intervenir ese modelo normativo que restringe y constriñe los usos del cuerpo en función de su genitalidad, para montar otros placeres y afectividades de acuerdo a nuestros deseos. Nos autodefinimos como lesbianas, una identidad política que usamos para marcar una línea de visibilidad ante la normatividad sexual impuesta por el régimen político de la heterosexualidad que decide ignorarnos, silenciarnos, negarnos. Enunciarse como lesbiana es entonces hacer frente a un modo de vivir el deseo que es expulsado del espacio de lo nombrable e imaginable en el espacio social, del orden legítimo del mundo. Es asumir el lugar de la abyección, una identidad proscripta y despreciada, para hacerla productiva y habitable en nuestros propios términos.

Adscribimos a una política identitaria en tanto ficción necesaria para la acción política, por ese motivo nos afirmamos como lesbianas en todo espacio en el que se nos niegue la existencia. A su vez, incitamos a la proliferación de identidades como forma de deconstruir la identidad monolítica y ampliar los espacios de identificación y enunciación ante la norma binaria heterocentrada que nos naturaliza como hombres o mujeres, masculinos o femeninos, homosexuales o heterosexuales. Ya sabemos, pues, que lo que se nos quiere presentar como una cuestión de preferencias sexuales, en realidad son procesos disciplinarios, tecnologías de género, re-naturalización de mayorías y minorías sexuales para reforzar los marcos capitalistas-patriarcales. Por ello, tener derecho a nombrarse equivale a tener derecho a vivir.

Somos feministas porque articulamos nuestra mirada del mundo a partir de sacudir las ficciones de naturaleza que los regímenes normativos nos imponen para vivir nuestras vidas. El feminismo es para nosotras una praxis que articula esferas que el sistema de pensamiento occidental y cristiano, nos presenta como separados: cuerpo/mente, público/privado, razón/emoción, entre muchos otros. Las teorías feministas han subrayado el carácter social y políticamente construido de los sexos, los géneros y las sexualidades, criticando la concepción autónoma y universalista de la representación y desenmascarando las estructuras de poder que la hacen posible.

Las aportaciones del feminismo, tanto epistemológicas como políticas, son fundamentales para comprender las condiciones de posibilidad para inventar otros sujetos, otros modos de intervención política. Sin embargo, todavía persiste el estereotipo del feminismo como “odio hacia los hombres”, que es una forma de desactivar su potencial político.

Nos apropiamos e intervenimos en la producción de un feminismo queer, que es el emergente teórico y político de las derivas y mutaciones de los distintos feminismos. Ya no se ocupará sólo del sujeto “mujeres” y la desnaturalización de las desigualdades de género, sino que tenderá a subvertir las convenciones de género, socavando la representación del mismo como algo auténtico, normal y natural, además se interesará por la creación de identidades fluidas, no binarias, como forma de deconstruir la identidad y de desestabilizarla, así como ofrecer espacios de identificación a una gama de posibilidades corporales más amplia. Estos movimientos de deseos y cuerpos disidentes han puesto en cuestión la división tradicional entre espacio público y privado, a través de las luchas por el acceso a la visibilidad en el espacio público y, a su vez, han suscitado críticas radicales de lo que Foucault llamaba las "arquitecturas de encierro" (el espacio doméstico, el colegio, el hospital, la fábrica, etc.), entendiendo estos dispositivos espaciales como tecnologías de producción y control de la subjetividad. Sin embargo, en nuestra región todavía sigue existiendo cierto pánico sexual en otros movimientos sociales, como de derechos humanos, trabajadoras/as, estudiantiles, etc., que siguen secundarizando cuestiones de género y sexualidad o lisa y llanamente negándolas.

El feminismo como teoría del discurso o como teoría crítica de los géneros/sexos sigue siendo prácticamente ignorado institucionalmente, al tiempo que manipulado y cosificado en gran parte de los casos en que se utiliza desde una perspectiva que termina neutralizándola como teoría crítica. Esto les hurta la posibilidad a las mujeres hetero, lesbianas, gays, travestis, bisexuales y personas intersex de comprender la ingeniería del sufrimiento a las que nos somete el orden sexual dominante y cómo intervenir para boicotearla.

Queremos traer al presente una consigna del mayo francés que condensa la relación entre vida, política y arte, para pensarla en estas coordenadas y activar su novedad radical en el contexto actual. “La imaginación al poder” es la herencia de ese momento de convulsión, pero su potencialidad no puede re-actualizarse sin pensar el presente, es decir, el momento histórico que nos ha tocado vivir, que ya no es el mismo que el de aquellos años (recordemos sino los disturbios en Francia del 2005, protagonizados también en su mayoría por estudiantes pero impulsados por tensiones raciales, religiosas y, sobre todo, por la miseria a que se ven sometidos). Sólo para nombrar algunas mutaciones del mundo, el capitalismo se ha rearticulado con ferocidad y ahora son las leyes del mercado las que tienen el poder constituyente de subjetivación. El Estado ha transformado su función y se convirtió en un mero administrador de recursos cada vez más escasos en las democracias liberales.

La imaginación del siglo XXI es una compleja trama de imágenes digitadas por los códigos publicitarios, el cine y video, la televisión, Internet y los juegos electrónicos (quien más, quien menos tiene acceso a alguna de estas instancias). Ni siquiera el cuerpo contemporáneo es el mismo, construido bajo distintos modelos políticos, que afectan de manera distinta a los diversos órganos. Por ejemplo, la nariz es un órgano regulado por las leyes del mercado tecno-mediático y se constituye en propiedad privada de los sujetos; lo mismo podemos pensar de los senos: somos libres -mientras tengamos el dinero para ello- de intervenirlas mediante una cirugía plástica, sólo que ahora es el mercado el que nos disciplina a crear cuerpos definidos por una feminidad estándar, hegemónica, normativa e incitada por el ojo pornográfico del tecno-capitalismo. Mientras tanto, el pene, la vagina y el útero continúan siendo órganos estatales y no le pertenecen al sujeto, ya que cualquier transformación que querramos hacerles tendrá que pasar por un protocolo médico-psiquiátrico establecido por el Estado. En este sentido, los cuerpos de las mujeres siguen siendo capturados por la maquinaria estatal y el control religioso, al no disponer del derecho al aborto, entre muchas otras cuestiones. Hay una mayor visibilidad -alentada por los medios y el consumo- de las identidades sexuales no normativas (gays, lesbianas, travestis, pero en especial de los primeros por su poder adquisitivo y la promoción del capitalismo “rosa”), sin embargo, somos cuerpos despojados de cualquier tipo de derecho, como también lo son las/os pobres, las/os migrantes, los pueblos originarios. La precarización del trabajo y de la vida es el signo de estos tiempos.

Entonces, ¿cómo intervenir hoy en este marco de transformaciones económicas, políticas y sexuales que se afianzan en generar plusvalías a partir de nuestros cuerpos en los espacios públicos instituidos por el capitalismo postfordista? ¿cómo pensar la consigna la “imaginación al poder” frente a la super-explotación capitalista, la exacerbación del racismo, la vigencia del hetero- patriarcado?

La apuesta, desde nuestro lugar, como lesbianas feministas anticapitalistas es doble, porque es estética y política. Política porque insiste en la tarea de pensar qué queremos/deseamos de nuestras vidas y cuáles son las condiciones de posibilidad para que otros modos de vida tengan lugar. Hacer política significa pensar cómo las ideas se traducen en análisis del propio contexto político y en la manera de intervenir en el mismo para cambiarlo. Y también es una apuesta estética porque estos modos de existencia se articulan en maneras particulares de expresión y producción de signos y símbolos, es decir, requiere de sensibilidades indómitas que politicen la vida cotidiana. No hay un sentido definido de antemano en esta consigna, porque sino trituramos todo esfuerzo de desciframiento y alentamos su cristalización en dogma.

Queremos enfatizar, en este sentido, algunas argumentaciones que sostienen la trama de estas apuestas, porque para que tenga lugar la mutación hay dejar de ser engranaje, un o una mansa autómata, que funciona irreflexivamente y obedece consignas, reproduce modelos. Adoptar una actitud de extrañeza frente a la escena para que deje ser natural requiere alfabetizarnos en los códigos normativos. La propuesta es pensar dos supuestos que operan al momento de nuestra acción.

En primer lugar, entender el poder en términos de relación. No es una propiedad que se detente desde una instancia única (Estado, padre, sujeto) y se imponga en un único sentido, no es algo que se posee, ni algo fijo. El poder es una relación, algo móvil, fluido y capilar que se encuentra en todas partes y se ejerce desde distintos puntos repartidos en una red de relaciones múltiples. El poder es inherente a las relaciones sociales, no hay relación que esté exenta de poder, y son en esas relaciones que se producen los sujetos. Todo poder implica un saber; saber y poder se implican mutuamente, produciendo un régimen de verdad. Es por ello que el poder, desde la perspectiva de Foucault, se comprende como “productivo”. En este sentido, la sexualidad es construida como un cuerpo de saberes que modela las formas como pensamos y conocemos el cuerpo, por lo tanto, el control no opera a través de la negación o de la prohibición, sino a través de la producción, de la imposición de una red de definiciones sobre las posibilidades del cuerpo. La forma contemporánea que adquiere la relación entre poder y saber es la de la biopolítica. “Gobernar la vida significa trazar sobre el campo continuo de la población una serie de cortes y de umbrales en torno a los cuales se decide la humanidad o la no-humanidad de individuos y grupos, y por lo tanto su relación con la ley y la excepción, su grado de exposición a la violencia soberana, su lugar en las redes –cada vez más limitadas, más ruinosas, en la era neoliberal- de protección social”. (Giorgi, 30-31).

Donde hay poder, hay resistencia reza el axioma contestatario. En este sentido, nos interesa destacar la micropolítica como un escenario político en el cual nos constituimos y que ha quedado obturado y descalificado por ciertas concepciones ortodoxas del poder. No podemos esperar -o delegar -que el Estado abra nuevos territorios de existencia, esa es una tarea que implica un trabajo personal que hay que realizar. En la micropolítica emergen los pequeños relatos, esos que dan cuenta de los mínimos desvíos o líneas de fuga en los códigos normativos e institucionales.

En segundo lugar, entendemos que el arte es una práctica cultural y política que produce subjetividades. Todo arte es político. El arte feminista ha puesto en cuestión todos los códigos sexuales y ha llevado a un primer plano la problemática de la representación: quién representa a quién y con qué intereses. Esta operación ha permitido desmontar los estereotipos sobre las mujeres que, con las representaciones hegemónicas, buscan perpetuar su inferioridad social y minorizarlas socialmente. El arte feminista cuestiona el orden social y cómo se construye, siendo el cuerpo la exploración central porque condensa las categorías de género, sexo, sexualidad, además de la de raza, clase, etc. Bárbara Kruger –artista feminista- afirmaba que el cuerpo se ha utilizado como un campo de batalla.

Parte del debate en torno a mujer y creación se centra en precisar la diferencia entre “estética femenina" y "estética feminista”. “La definición de “estética femenina” suele connotar un arte que expresa a la mujer tomada como dato natural (esencial) y no como categoría simbólico-discursiva. formada y deformada por los sistemas de representación cultural. Arte femenino sería el arte representativo de una feminidad universal o de una esencia de lo femenino que ilustre el universo de valores y sentidos (sensibilidad, corporalidad, afectividad. etc.) que el reparto masculino-femenino le ha reservado tradicionalmente a la mujer, sin poner en cuestión la filosofía de la identidad que norma la desigualdad de la relación mujer (naturaleza)/hombre (cultura, historia, sociedad) sancionada por la ideología sexual dominante. En cambio, la "estética feminista” sería aquella otra estética que postula a la mujer como signo envuelto en una cadena de opresiones y represiones patriarcales que debe ser destruida mediante la toma de conciencia de cómo se ejerce y se combate !a superioridad masculina. Arte feminista sería el arte que busca corregir las imágenes estereotipadas de lo femenino que lo masculino-hegemónico ha ido rebajando y castigando. Un arte motivado, en sus contenidos y formas, por una crítica a la ideología sexual dominante. Y más complejamente: un arte que interviene la cultura visual desde el punto de vista de cómo los códigos de identidad y poder estructuran la representación de la diferencia sexual en beneficio de la masculinidad hegemónica”. (Richards, 47)

La cuestión política de la producción de subjetividad es el frente de batalla principal para todo proyecto que busque reconstruir algunos puentes y anudamientos entre lo político y el arte, potenciando los imaginarios radicales. Por eso, es prioritario interrogar el supuesto idealista-burgués de la estética como contemplación pura y desinteresada de lo bello, en nombre del materialismo critico de una concepción del arte como práctica de signos inserta en las tramas de antagonismos y confrontaciones de la materia social, que permita que lo disidente, anormal, inferior (llámese: mujeres, lesbianas, etc) ejerza su fuerza político-discursiva de desorganización de los mensajes culturales petrificados.

En este sentido, atreverse a tomar parte en las políticas del sentido desde posiciones discursivas discrepantes y no lineales, desde nuestros deseos inadecuados, es aventurar para la consigna “La imaginación al poder” la potenciación critica de aquellas búsquedas tendientes a relacionar las dinámicas de constitución de identidades que huyen de la normalidad -conformadora de sujetos “legítimos” y subjetividades inteligibles- con la creación de nuevos lenguajes y formas culturales que disloquen/desplacen/confronten sus signos con los de la estética dominante.

Se trata entonces, de tomar una decisión: reconfirmar lo ya acordado o buscar audazmente desregular el convenio de formas establecidas poniendo en conflicto los pactos de significación dominante que transan unilateralmente signos, valores, poderes. En la primera opción encontramos que la relación arte-política se distiende y relaja en los acomodos burocrático-administrativos, que hoy invitan al artista a renunciar al radicalismo crítico para dedicarse a la maniobra gestionaria (ver sino la cooptación K). Así nos convertimos en consumidores dóciles de técnicas artísticas, de las técnicas de producción de nuestros cuerpos, de consignas políticas, de deseos predeterminados, de palabras autorizadas, de diálogos cosificados.

En la segunda opción, nos arriesgamos a la construcción de estéticas perturbadoras, mediante la estimulación de las microzonas de agitación y revuelo que sacudan el equilibrio normativo de lo dictado por hábito o conveniencia, creando disturbios en la organización semiótica de los mensajes que producen y reproducen el consenso institucional; ejercitando prácticas desviantes, movimientos en abierta disputa con las tendencias legitimadas por los vocabularios conformistas y recuperadores de la fetichización académica, de la mercantilización estética o de la ideologización política.

Como activistas que establecemos una articulación entre estética y política no podemos dejar de preguntarnos cuáles son los mecanismos de desmontaje crítico que permiten subvertir la organización heteropatriarcal y capitalista de los registros sociales de fabricación de sentido. La insumisión de la experiencia tanto del/la estudiante francés/a del ‘68 como la del/la hacker de cualquier tipo de sistema del siglo XXI, es una huella disponible en la cartografía de la disidencia.Recapturar la imaginación política que articule luchas de interés (luchas reivindicativas de derechos) con luchas de deseo (luchas expresivas de las opciones de cambio que buscan rediagramar la microcotidianeidad social) es tal vez la forma radical de astillar un presente tan uniforme y mediocre.

Las palabras hacen posible los gestos mínimos que dan lugar a las grietas de la potencia intempestiva. Estos son nuestros pequeños gajos, tan intensamente eróticos como los de Marosa, armados con la luz del arco iris, y también con colores que aún no tienen nombre.


fugitivas del desierto- lesbianas feministas / mayo del 2008.-

miércoles, mayo 21, 2008

La cadena normativa


Diccionario, de uso frecuente en las escuelas, que insiste en una cadena de significación que sigue condenando la disidencia sexual y produciendo el orden heterosexual. Una herramienta precisa para delimitar los sentidos y los usos de las palabras, los cuerpos y deseos. Todo un océano de homo/lesbofobia.

Editorial Océano de México. 2006.

lunes, mayo 19, 2008

Sube...sube.... la marea lesbiana



Intervención urbana - "corpus inscriptus/sedición carnal"



El 17 de mayo de 1990, la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) suprimió la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. La homofobia es la práctica sistemática e institucional de miedo, aversión, rechazo y hostilidad hacia los gays. La lesbofobia nombra el carácter específico que adquiere esta violencia hacia las lesbianas, mientras que la transfobia expresa la hostilidad y rechazo que reciben las personas que portan una identidad de género diferente a la impuesta por el orden sexual hegemónico.
La homosexualidad fue una enfermedad inventada en el siglo XIX por la ciencia para establecer un modelo de sexualidad legítimo y productivo al régimen capitalista del momento: la heterosexualidad; la que reguló los usos del cuerpo y los placeres. Todavía las/os travestis y trans son consideradas/os como "enfermos/as" bajo el término de "disforía de género"; así también las personas intersex son sometidas a cruentas intervenciones quirúrgicas y psicológicas para "normalizar" sus genitales, es decir, adecuarlos a la lógica binaria del sistema de género.
Por eso, esta fecha es un día de lucha de los colectivos de lesbianas, gays, travestis transexuales, bisexuales e intersex para denunciar la violencia sistemática a la que nos somete el régimen sexo-político imperante que es la heteronormatividad.
Las lesbianas feministas de "fugitivas del desierto", junto con un grupo de cómplices igualmente pertinaces, inundaremos la ciudad con 350 sobres con la inscripción "corpus inscriptus/sedición carnal". Cada sobre-diagnóstico contiene una reflexión sobre esta fecha y se podrán topar con él en cajeros automáticos, supermercados, plazas, paradas de colectivos, teléfonos públicos, escuelas, consultorios médicos, salas de espera de los hospitales, aulas universitarias, y todo otro lugar que se transite cotidianamente.

fugitivas del desierto - lesbianas feministas y sediciosas - lesbianizando el entramado urbano

miércoles, abril 30, 2008

Se viene...


si querés verla, experimentarla, desearla, criticarla incluso, buscanos este primer fin de semana de mayo, en Rosario, en el Encuentro Nacional de Lesbianas.

viernes, marzo 28, 2008

Asociación de Docentes Tortilleras, en ciernes


Se viene... Más allá de la chanza (ver cartelito sobre la bella testa erizada), las cabecitas locas que forman Fugitivas están comenzando a pensar en juntar educadorxs, de cualquier nivel de enseñanza, que tengan ganas/deseos/necesidad de empezar a reflexionar, dialogar, discutir, pensar las profundas implicancias de ser lesbiana, gay, trans, frente a alumnxs. Esto, sólo para empezar... Porque, vale preguntarse, ¿qué narrativas podrán surgir de la voz en primera persona de lxs educadorxs disidentes sexuales?

Interesadxs, contactarse a lesbianasfugitivas@gmail.com

domingo, marzo 23, 2008

domingo, marzo 16, 2008

OKUPA TU CUERPO



En el capitalismo hetero-patriarcal racialmente estructurado del Tercer Mundo, el cuerpo es el espacio sometido a más regulaciones por parte del Estado, la Iglesia y el Capital.


Nada es natural. Desde las actividades domésticas, las rutinas de trabajo hasta las prácticas sexuales y los imaginarios eróticos son parte de políticas de control del cuerpo para hacerlos productivos, para moldearlos en la lógica del consumo, para normalizarlos hacia la heterosexualidad. El control de la vida que impone fronteras, divisiones, marcas y estigmas.


En nuestra sociedad hay cuerpos con derecho a vivir y cuerpos que serán considerados descartables, cuya existencia carece de valor social porque no responden a los parámetros estándar del “buen ciudadano” de clase media, varón, blanco, heterosexual, occidental y cristiano.


Travestis y trans por subvertir la norma de género; lesbianas y maricas por disidentes sexuales; los jóvenes pobres por portación de “rostro”; las mujeres pobres por gestar su autonomía; las personas intersex porque sus cuerpos presentan variaciones respecto de la anatomía genital normativa; las prostitutas por ser estigmatizadas moralmente por hacer del sexo una actividad mediada por el dinero; los/as trabajadores/as por luchar contra la explotación; las personas discapacitadas por cuestionar las capacidades normales instituidas; el pueblo mapuce por luchar por sus derechos sobre el territorio y la interculturalidad. Todos cuerpos que se rebelan contra lo considerado “normal”. Carne que se tensa entre la expropiación de las decisiones y la autonomía. Aprendemos a mirar las opresiones como algo fuera del cuerpo, como “sistema”, esa es la estrategia para naturalizar la intimidad del poder, para separar en “público” y “privado”; sin embargo, ningún ámbito de nuestra vida está por fuera de las relaciones de poder. Hasta el orgasmo es un dispositivo político de saber/poder/placer.


Por eso, una tarea urgente:


CUERPOS REKUPERADOS BAJO CONTROL NUESTRO

lunes, marzo 10, 2008

+ imágenes


más imágenes del 8


"El mundo gira lubricado por la sangre de las mujeres"


El sábado 8, día internacional de las mujeres (no vamos a discurrir aquí sobre este tópico: no el día, sino la categoría de "mujeres"), las fugitivas y las trolas tomamos nuestros dispositivos cargados de polisentidos y copamos con ellos el microcentro (lo micro tiene que ver con la dimensión del pensamiento urbano que lo sostiene).

Estamos contentas, no sólo porque la actividad interesó y concitó la atención de mucha gente, sino sobre todo porque lo pasamos bien: charlamos, nos reímos, chusmeamos, dimos explicaciones que dejaban más preguntas que claridad, anduvieron las amigas y, al final, nos fuimos a comer pizza con las queridas desobedientes, ale de pan y rosas, fernando, noe la cantante fugitiva, entre otras.

¡Chochas, che! Chequéen las imágenes.

viernes, marzo 07, 2008

Intervención artística por 8 de marzo


Siglo XXI. Biotecnología. Guerras bacteriológicas. Militarización del imaginario social. La seguridad es una práctica de control. Vigilancia a cielo abierto. Cuerpo y máquina se funden en una entidad viviente. La pobreza consume cuerpos. El capital fluye y lo vuelve todo mercancía. El silicio es tan preciado como los cuerpos. El consumo regula la biopolítica. El Estado y la Iglesia son socios de la corporación del dominio, que privilegia el pene como único centro de producción de sentido del mundo y de los cuerpos. Su régimen político es la reproducción sexual, por eso la heterosexualidad es su tecnología primordial. El cuerpo de una niña embarazada a raíz de una violación es un archivo orgánico de la historia de estas injusticias. Un chip de heterocapitalismo patriarcal y racista incrustado en el sistema nervioso. La naturaleza es un orden inventado para legitimar la sujeción de unos cuerpos a otros. El género es una máquina de producir cuerpos masculinos y femeninos, que asegura la explotación material de un sexo sobre el otro y autoriza el sometimiento de las mujeres como fuerza de trabajo sexual y como medio de reproducción. La sangre, la energía, el impulso vital, el cuerpo expropiado, las posibilidades robadas, la economía del cuidado. Una mujer presidenta es un truco del neoliberalismo. La conexión no se interrumpe. El flujo de energía estatal continúa constriñendo los modos de vivir el cuerpo. Proponemos un desvío en el formato de nuestros deseos, activamos una tarea de invención de otro lenguaje, otras relaciones y otro mundo, exigimos una vida que sea deseable de vivir para mujeres heterosexuales lesbianas bisexuales transexuales transgénero intersex mapuches criollas marimachas prostitutas discapacitadas ancianas niñas jóvenes trabajadoras desocupadas subocupadas migrantes pobres enanas y toda la que sea convocada por la pulsión de transformar la propia vida.


Sábado 8 de marzo –

19 hs Playón del Monumento a San Martín –

Neuquén


Convocan:

fugitivas del desierto –lesbianas feministas

trolas del desierto – lesbianas pendencieras

jueves, febrero 21, 2008

A propósito de los preparativos para el 8 de marzo

"La insistencia a priori en la "unidad" de coalición como objetivo asume que la solidaridad, no importa a qué precio, es un pre-requisito para la acción política. ¿Pero qué tipo de política exige ese tipo de compra "por adelantado" de la unidad? Quizá una coalición necesite reconocer sus contradicciones y actuar respetando esas contradicciones. Quizá parte de lo que la comprensión dialógica implica es la aceptación de la divergencia, ruptura, escisión, y fragmentación como parte del a menudo tortuoso proceso de democratización. La noción misma de "diálogo" es culturalmente específica y está delimitada históricamente, y mientras que una persona que habla pueda estar segura de que la conversación se está produciendo, otra puede estar segura de lo contrario. Las relaciones de poder que condicionan y limitan las posibilidades dialógicas deben ser cuestionadas en primer lugar. De otra manera, el modelo de diálogo corre el peligro de volver a caer en el modelo liberal que asume que los/las agentes del diálogo ocupan iguales posiciones de poder, que hablan desde los mismos presupuestos acerca de lo que constituye "el acuerdo" y "la unidad" y que esos son los objetivos a perseguir. Sería erróneo asumir a priori que existe la categoría de "mujeres" que sólo tiene que ser rellenada con los distintos componentes de raza, clase, edad, etnicidad, y sexualidad con el fin de que esté completa. La asunción de la parcialidad esencial de la categoría podría pues servir como ideal normativa exento de fuerza coercitiva.

¿Es "la unidad" necesaria para una acción política efectiva? ¿Es la insistencia prematura en el objetivo de la unidad precisamente la causa de una cada vez más amarga fragmentación de las filas? Ciertas formas de fragmentación reconocidas podrían facilitar la acción de coalición justamente porque "la unidad" de la categoría de las mujeres no es presupuesta ni deseada. ¿Establece "la unidad" una norma excluyente de solidaridad al nivel de la identidad que descalifica la posibilidad a un conjunto de acciones que perturba los mismo límites de los conceptos de identidad, o que intentan conseguir precisamente la perturbación como un objetivo político explícito? Sin el presupuesto u objetivo de "la unidad" que es, en cualquier caso, siempre instituido a un nivel conceptual, las unidades provisionales podrían emerger en el contexto de acciones concretas que tienen unos objetivos distintos de la articulación de la identidad. Si la expectativa obligatoria de que las acciones feministas deban ser instituidas desde alguna identidad consensuada, unificada y estable, esas acciones podrían ser comenzadas más fácil y rápidamente y parecer más afines a un número de "mujeres" para quienes el significado de la categoría es permanentemente discutible".

Judith Butler
Sujetos de sexo / género / deseo.
En Feminaria, Año X, Nº 19, Junio, Buenos Aires, 1997

viernes, febrero 08, 2008

Silencio criminal


Acción por el Derecho al Aborto

“Lo criminal es el silencio… no el derecho a decidir sobre el cuerpo”


Nos reunimos el lunes 11 a las 13 horas en el Ministerio de Salud de la Nación (Avda. 9 de Julio 1925) para denunciar la apropiación de los cuerpos de las mujeres por parte del Estado y la Iglesia.

Instalación “Patrimonio Histórico”
Fugitivas del Desierto, lesbianas feministas

Libertad a Romina Tejerina. Cárcel a su violador.

Convocan:

Agrupación Mariposas Mirabal (Lesbianas de La Plata)

Fugitivas del Desierto, lesbianas feministas (Lesbianas de Neuquén)

Baruyera (Lesbianas de Bs As)

lunes, febrero 04, 2008

Potencia Tortillera: un palimpsesto de la perturbación


Lejos de ser un manifiesto que establece verdades de carácter absoluto, este es un manuscrito experimental acerca del activismo lésbico-feminista-queer que retoma una expresión o fórmula acuñada por diversos grupos de lesbianas feministas, cuya incipiente resonancia en el espacio público fue de considerable magnitud, porque desde las manifestaciones de sorpresa, agrado, solidaridad o rechazo, a nadie que pudo o quiso leerla dejó indiferente. “Potencia tortillera” puede ser considerado un palimpsesto porque conserva huellas de prácticas políticas anteriores borroneadas por escrituras renovadas, lecturas novedosas y el ímpetu festivo y contestatario de configurar un espacio de pensamiento acerca de nuestras vidas como lesbianas, mujeres, marimachas, blancas, trabajadoras, artistas, de diversas geografías del país.

La disidencia sexual como expresión del rechazo a la ciudadanía liberal

El término disidencia sexual alude a pensar acerca de la diferencia sexual no en términos de identidades naturalizadas sino como una forma de disenso, entendido no simplemente como habla, sino como una constelación de prácticas, expresiones y creencias no conformistas. Al nombrarnos disidentes sexuales se destaca la existencia de una norma de la cual nos desplazamos o alejamos. Los conceptos que, desde una política liberal, se ponen en juego en el escenario político como diversidad sexual y/o minorías sexuales ocultan que las identidades sexuales y de género son los efectos de una norma que establece los modos adecuados y legítimos de vivir los cuerpos, los placeres y afectos. Tanto diversidad como minorías (que habitualmente no es una referencia deleuziana, a partir de la cual se considera a la minoría como índice revolucionario) suelen despolitizar los procesos de normalización de los cuerpos que se efectúan a través de las tecnologías del género.
Potencia Tortillera como parte de un colectivo de disidencia sexual, en tanto denunciamos y confrontamos la heteronormatividad, podría inscribirse en el activismo sociosexual que se posiciona críticamente frente a la concepción liberal de ciudadanía.
Los movimientos sociosexuales son aquellos que intervienen en política con el fin de cuestionar la adscripción de la sexualidad y la identidad de género al ámbito de lo natural y lo privado. De esta manera, sus demandas se vinculan con el reconocimiento por parte del Estado y de la sociedad civil de las distintas posibilidades históricas y consecuencias simbólicas y materiales referentes a la construcción de identidades de género, prácticas sexuales y corporalidades.
En este sentido, dentro del llamado movimiento LGTB resulta imprescindible la distinción de las situaciones grupales atendiendo a la intersección entre la identidad de género y la orientación sexual y la etnia, la nacionalidad, la religión, la clase social, la edad, la discapacidad, entre otros mecanismos de subordinación que operan en contextos socio-históricos específicos. En particular, el género constituye un vector de opresión que atraviesa otras formas de desigualdad social e incide sobre los efectos de la estratificación basada en la sexualidad. Es por ello que como lesbianas feministas enfrentamos una doble situación de conflicto al interior de los movimientos sociosexuales, problematizando y denunciando la heterosexualización del feminismo y, a su vez, el sexismo del movimiento LGTB hegemonizado por los gays.
La definición liberal de ciudadanía universaliza las características de un sujeto heterosexual masculino basado en la institucionalización de sus privilegios. Dentro de los discursos sobre los derechos de los/as ciudadanos/as y el principio de ciudadanía universal, el ciudadano normal ha sido construido principalmente como blanco, masculino, heterosexual y burgués.
La heteronormatividad, entonces, está encarnada en las legislaciones que establecen las condiciones para ejercer la titularidad de derechos en las democracias liberales, implícita en las formulaciones legales y políticas dominantes.
En este contexto, los reclamos que más atención han recibido por parte de las instituciones locales y los medios de comunicación, son aquellos basados en la reivindicación de la igualdad ante la ley, probablemente porque son los más fáciles de acoger en la agenda de la democracia liberal. Estos reconocimientos traen una demanda anexada: la exigencia de la conformación con normas heterosexuales en términos de prácticas, identidades y cuerpos sexuados para acceder al tratamiento propio de la ciudadanía.
En las democracias liberales los derechos se balancean con deberes complementarios, en general los reclamos de derechos basados en apelaciones a la ciudadanía a menudo implican un pacto implícito de modificación de comportamientos por parte de los grupos oprimidos en el orden ciudadano vigente. Esto significa modelarse a los modos ‘aceptables’ de ser un/a ciudadano/a sexual.
Las formas aceptables de ejercicio de la ciudadanía se vinculan con las normas de respetabilidad, las que se rigen –de forma tácita- por reprimir la sexualidad, las funciones corporales y la expresión emocional.
Por esto mismo, las reivindicaciones basadas en reclamos de derechos encuentran su límite cuando el reconocimiento parcial reproduce la desigualdad y refuerza la clasificación jerárquica de prácticas y sujetos.
Con el fin de desmontar relaciones de subordinación basadas en la sexualidad, es necesaria una reformulación de la ciudadanía que desarticule tanto el androcentrismo como la heteronormatividad del concepto e incorpore una pluralidad creciente de voces sin ordenarlas jerárquicamente.
Una ciudadanía sexual opuesta a la ciudadanía heterosexual social y políticamente dominante debería abarcar: derechos a varias formas de prácticas sexuales; derechos relativos a la identidad propia y a las autodefiniciones y derechos en relación con instituciones sociales, tales como la validación pública de una variedad de relaciones sexuales.
Acerca de las políticas de visibilidad/invisibilidad, éstas producen efectos positivos o negativos de acuerdo a los sujetos involucrados y al contexto socio-histórico. De manera que la visibilidad excesiva (en tanto imposibilidad de pasar desapercibida) puede resultar tan opresiva como la invisibilidad. Una de las consecuencias negativas de la visibilidad es que una vez que la distancia respecto de la norma (étnica, sexual, de género) deviene notoria en entornos hostiles, los sujetos señalados como desviados resultan vulnerables a distintas formas de violencia. La visibilidad de ciertos rasgos construidos como negativos está fuertemente vinculada con ciertas marcas corporales como el color de la piel, estatura, y cierta distancia respecto al patrón de belleza dominante.
En el caso de las lesbianas el impacto de los procesos de visibilidad/invisibilidad en el espacio público se vincula con la expresión de género. Para muchas lesbianas “pasar” en el espacio público y en las interacciones cotidianas como mujeres heterosexuales es una experiencia frecuente. En este caso, la tensión se vincula con la administración de la información acerca de la propia sexualidad y con la sensación de frustración como consecuencia de la experiencia de la invisibilidad social. En otros casos, la expresión de género o la corporalidad se distancian de la norma hegemónica de la feminidad y posicionan a la lesbiana como disidente sexual más allá de su intencionalidad, siendo objeto de miradas intimidatorias, agresiones, evitación del contacto físico, trato despectivo, etc[1].
Por eso, irrumpir en el espacio público portando la inscripción Potencia Tortillera es un modo de política de la hipervisibilidad que no soslaya sino que estimula los efectos perturbadores de la misma. Si la calle es todo el año blanca y heterosexual, Potencia Tortillera es la fisura urbana que deja su huella fugaz e intensa.

Queerizar las prácticas políticas del lesbianismo: la apropiación del insulto

En inglés el término queer es un insulto, una interpelación que produce posiciones de sujeto abyecto en el interior de un cierto tipo de discurso homofóbico. Queer designa lo que está fuera de la normalidad heterosexual, una exclusión que asegura y estabiliza la identidad heterosexual sin nombrarla.
El uso de este insulto fue una estrategia de autonominación y autoproducción de visibilidad de grupos de disidencia sexual que se levantaron al mismo tiempo contra el discurso homofóbico institucionalizado y contra las prácticas de asimilación y normalización de los sectores conservadores de la comunidad gay, lesbiana y transexual en Estados Unidos, en los años ‘80. Así, la categoría “mujer” sería cuestionada por ser tan sólo una abreviación de “mujer blanca heterosexual de clase media” al mismo tiempo que las lesbianas reaccionarán contra la invisibilización que la denominación gay (e incluso la fórmula gay y lesbiana en muchos casos) reproduce como abreviación de gay blanco de clase media.
Los saberes queer –si es que los hubiera- dan cuenta de la imposibilidad de hablar fuera de las restricciones materiales de un cierto lenguaje, pero al mismo tiempo de la posibilidad de crear discontinuidad al interior de este lenguaje, de producir a través de la resignificación un espacio de contestación política.
El término queer designa entonces las prácticas performativas de resignificación y de recodificación antihegemónicas que buscan configurar espacios de resistencia frente a los regímenes de la normalidad. Los saberes queer entienden justamente los regímenes de normalización sexual como un campo de fuerzas sin un exterior posible.
No es un mero concepto genérico acumulativo de gay, lesbiana, bi, trans, etc, -efecto de despolitización y mercantilización de las identidades[2]- sino que se sitúa como posición crítica al interior de toda afirmación de identidad homosexual y, en definitiva, a toda identidad que se diga hegemónica y monolítica, esencializante y naturalizante.
Se constituye de este modo en un poder performativo ejercido por una minoría estigmatizada que obliga a la injuria a trabajar contra sí misma, traicionando su origen excluyente y normativo y contraproduciendo identidad.
Estas prácticas y saberes suponen una alteración en los modos de pensar el sujeto político. En respuesta a la parálisis del sujeto posmoderno y postestructural, prisionero de sistemas disciplinarios hiperproductivos, la teoría queer afirma la posibilidad de un “mal sujeto” que resiste frente al sujeto ficticiamente soberano que trata desesperadamente de ser dueño institucional de la acción y el lenguaje. Un “mal sujeto” que habla, que disloca y desestabiliza, que abre nuevas formas de representación política y que multiplica las formas de contrabando en el marco de democracias capitalistas inevitablemente globalizantes.
En un proceso de reapropiación situada, es posible una conversión de conceptos en útiles políticos, es decir, no utilizar el término literalmente por su nula resonancia en nuestro ámbito de habla castellana, sino activar sus operaciones políticas.
Se trataría por tanto no sólo de denunciar la producción y reproducción de la identidad sexual y de género con respecto a los ideales reguladores heterosexuales de la masculinidad y la feminidad, sino de deconstruir también los discursos de la identidad homosexual en la medida en que ellos son también productores de silencio. En el mismo sentido, habría que hablar siempre de intersección de identidades, de transversales de la opresión en contexto. Por eso, los estudios queer estimulan una total promiscuidad entre disciplinas para evitar la construcción sistémica de silencios.
Y es este trabajo sobre las construcciones discursivas, que incluiría los silencios construidos, el que habría que designar con el verbo “queerizar”: la visibilización constante de zonas de exclusión, la crítica del dominio de ciertas categorías de análisis en detrimento de otras como el género, la raza o la clase. La teoría queer vendría a ser entonces un análisis de la producción del margen o mejor de los márgenes, y consecuentemente, de la producción especular del centro. En este sentido, se concentra en un análisis múltiple y local, localizándose en las intersecciones variables entre múltiples categorías normativas y hegemónicas, provocando la implosión de la lógica totalitaria de la identidad y desconfiando de las articulaciones binarias: hombre/mujer, heterosexual/homosexual, blanco/de color, etc.
Esta operación de queerizar -o contrabando queer- no sucede en el margen, sino en puntos de fuga de los sistemas heteronormativos. Esta fuerza del performativo procede de la posibilidad de cortar un determinado enunciado y desgajarlo de un determinado contexto de poder, así como de la posibilidad de desplazarlo e injertarlo, por así decirlo, en otro.
En estas coordenadas teórico-políticas de acciones de contrabando podemos explorar la inscripción Potencia Tortillera. El primer término es de uso corriente en las ciencias exactas o duras. Sin embargo, también tiene su adscripción en el campo de la filosofía.
¿Qué sucede si transplantamos el término potencia, un concepto matemático o de la física, al contexto del activismo sexo-genérico? ¿Qué posibilidades habilitamos y qué cercos destruimos cuando lo hacemos jugar con el insulto que, a la vez que nos niega una vida vivible nos otorga una existencia en la abyección?

Potencia es la capacidad para realizar alguna cosa o producir un efecto; es la capacidad de una cosa para cambiar de estado; es el cociente entre el trabajo realizado por una máquina y el tiempo empleado; es el producto que resulta de multiplicar una cantidad por sí misma tantas veces como indica un número llamado exponente o grado; la energía potencial es la energía que posee un cuerpo o sistema físico por el hecho de su posición o estado.

Injertemos provisoriamente el término en el discurso sexo-político y tensionemos los sentidos de Potencia Tortillera. ¿Energía disruptiva que posee un cuerpo lesbiano por su posición en el sistema de regulación de la sexualidad estatal? ¿Producto de multiplicar la cantidad de lesbianas por el grado de invisibilidad? ¿Es el cociente entre el trabajo realizado por un cuerpo económicamente improductivo para el sistema sexo-genérico y el tiempo de un capitalismo postfordista? ¿Es la capacidad para producir mutaciones en los movedizos territorios del cuerpo y el deseo?
Alejada de todo espíritu doctrinario, no me anima un proyecto definicional. Por eso, Potencia Tortillera creo que es un núcleo que acumula e intensifica significados y búsquedas de agenciamientos de lesbianas inquietas por el mundo y por la vida, propias y de las otras, de cuerpos amasados en los avatares de las sensibilidades contemporáneas.

Un modo de producción de subjetividad política: configurar un “nosotras”múltiple

Este palimpsesto es parte de un deambular hambriento por hilvanar colectivamente un examen de la praxis política lésbica con nuevas preguntas y vitalizar las experiencias vigentes en la medida que tengan la potencia de conquistar realidad.
De algún modo, viejas conversaciones, saberes ocasionales, intuiciones azarosas, diálogos inconclusos, se re-editan en este esfuerzo por inventarnos cada vez en los terrenos transitados, organizando una modalidad de pensamiento y agrupamiento afín con la contingencia.
Se ha dado cita un conjunto de ambientes subjetivos y una disposición para ir hacia las prácticas, hacia los modos en que se trabaja políticamente, lo cual puede dar lugar a la producción de un régimen de referencias que combatan las comodidades mentales.
En este sentido, Potencia Tortillera expresa el gesto vincular de recrear proximidades con el propósito de armar un espacio de pensamiento, un tipo de protagonismo fundado en la habilidad para habitar un tiempo discontinuo, que tiene como soporte un “nosotras” que no indica un lugar al que se pertenece, sino un espacio al que se ingresa para construirlo. Si pensar es merodear por los bordes de lo conocido es esperable que este “nosotras” aliente a desencadenar un proceso de liberación respecto de un sinnúmero de restricciones sobre los modos y alcances de ser lesbiana feminista, o por lo menos, de estar dispuesta a lidiar contra esos constreñimientos.
Si “nosotras” no es un conjunto de personas sino una configuración subjetiva de los pensamientos en una circunstancia, la centralidad de nuestros cuerpos es primordial. Como materia sensible e inteligente de registro, nuestra corporalidad es una especie de palimpsesto porque lo que hacemos de ella, es decir, lo que hacemos con nosotras mismas, se vincula a esas escrituras, re-escrituras así como borramientos, de lo que nos vuelve inteligibles o no, de los límites y posibilidades de vivir y hacer habitable nuestra carne sensible.
Si nuestro hacer, nuestro activismo siempre acontece en ciertas condiciones históricas ¿cuál es la marca de época en que se registra ese posible “nosotras”?
Asistimos al agotamiento de una ficción, los del estado-nación. Se están descomponiendo los parámetros que estructuraron la experiencia moderna del mundo. El lazo social moderno basado en la ficción del ciudadano y de las naciones, en la historia como donadora de la identidad, en la representación como dispositivo de funcionamiento y fundamentalmente basado en la idea de progreso, muestra descarnadamente sus residuos.
Transitamos un espacio caracterizado por la destitución de la soberanía del Estado en nombre de los poderes del capital neoliberal. En el neo-liberalismo, para que el funcionamiento del mercado sea eficaz, necesita una intervención continua y sostenida del Estado sobre las condiciones materiales, culturales, tecnológicas, sociales de la “vida”. La estabilidad es consigna absoluta del Estado técnico-administrativo, que no gestiona las demandas de todos los habitantes sino los encargos de su soporte subjetivo: los consumidores. La relación social ya no se establece entre ciudadanos sino entre consumidores que intercambian productos.
Se produce no tanto la cesación objetiva del Estado como al agotamiento de la subjetividad y el pensamiento estatales. El Estado no desaparece como cosa, se agota la capacidad que esa cosa tenía para instituir subjetividad y organizar pensamiento. De este modo, pensar sin estado[3] es una contingencia del pensamiento –y no del Estado-, nombra una condición de época como configuración posible de los mecanismos de pensamiento.
Entonces, como activistas lesbianas feministas, ¿a qué Estado le reclamamos cuando lo hacemos ? ¿A qué tipo de Estado le exigimos reconocimiento y derechos en materia de derechos sexuales? Tenemos pendiente este análisis, al que apenas asomamos.
Esta destitución de los modos tradicionales del pensamiento y la acción política necesariamente nos incita a marcar acercamientos y distanciamientos con ciertas prácticas y discursos. Es decir, nos impone pensar de otro modo.
Si consideramos que una idea significa en la red de prácticas en que se inscribe, Potencia Tortillera invoca la capacidad de intervenir en la subjetividad.
En tanto la práctica es una fuerza productora da valor social, valor que no viene dado externamente (representantes del gobierno, academia, etc.) sino que se percibe en la posibilidad de experimentar una variación en los modos de estar, la iniciativa Potencia Tortillera puede llegar a convertirse en un estado de convulsión múltiple que trastoque la vida histórica y política de cada potencia.
Como todas las prácticas y discursos tienen su historicidad, esta pulsión política que se dio en llamar Potencia Tortillera emerge en un contexto de docilidad, disciplinamiento y subordinación a las políticas de Estado del gobierno K, que parte del movimiento feminista y LGTTB apoya y promueve, conjugado con una escena del activismo lésbico-feminista que manifiesta carencia de debate y acciones articuladas.
En este sentido, se vuelve urgente comenzar a interrogar si la homonormatividad no es parte de la política sexual del neoliberalismo, a través de la mercantilización de las identidades. Qué crítica realizamos en este sentido: la falta de acceso al consumo o que sea el consumo el que defina el acceso a la humanidad legítima. La fórmula del Estado parece ser hoy “un máximo de extorsión a un mínimo de existencia”.
Si se agotan las subjetividades estatales, la ficción del ciudadano, los modos de sentir también se ven afectados. Si Potencia Tortillera constituye la emergencia de una escena de prácticas reagrupadas bajo un insulto sexual como modo artesanal de gestión de la cotidianeidad política de nuestras vidas ¿cómo se trastoca la economía de los afectos? ¿qué sensibilidades pueden estar configurándose en este modo de hacer con otras?
En lugar de construir una forma ideal que se proyecte sobre las cosas, es mejor centrarse en detectar los factores favorables que pueden configurar una situación. Careciendo del impulso de un imperativo categórico, de lo que debe ser, estableciendo prerrogativas de pertenencia, más que la posibilidad y el compromiso de pensar y ser pensadas con otras, Potencia Tortillera es un término que adquiere una creciente densidad de sentidos por su andar exploratorio, disperso y permeable a las mezclas.

No es una marca comercial o una mera inscripción en una remera. Es el deseo de una política radical lesbiana, que registra la historicidad de la contestación política. Es dosis concentrada de revulsión frente a la normalización y asimilación mediante la resignificación y apropiación del insulto. No es identidad, es articulación de existencias que encuentran placer en provocar y perturbar el código heteronormativo, desatando la identidad de la corporalidad, desanudando lesbiana de mujer. Es impulso de subjetivación crítica en el régimen político de la heterosexualidad capitalista. Es intervención en los territorios de las prácticas micropolíticas, la marca de un trazado artesanal del pensamiento político. No refiere tanto al sujeto soberano que impulsa la adquisición de derechos como a la sujeta que encarna el tortillaje guerrero[4]. No tiene propiedad más que el fluir de sentidos y contrasentidos. Se carga con los significados de las prácticas situadas de autoafirmación de cada una y de todas, no hay universalidad asfixiante. Es un núcleo de posibilidad para practicar la experimentación. Tiene vocación herética que erosiona el silencio y la domesticación. Capta la fuerza política de ciertas modalidades de acción no percibidas en las coordenadas habituales del repertorio de la cultura militante. Es un agenciamiento de enunciación que excita a la “insurrección de las contra-conductas” [5]. Quiere sacarle filo a un proyecto que polemice. Es un laboratorio corpo-politico-emocional en el cual los cuerpos testean colectivamente formas de vidas.


A partir de una idea de procedencia borrosa se fue componiendo este escrito balbuceante con registros diferenciales, herencias feministas, articulación provisoria de lecturas dispersas e intensidades disímiles, que más que ofrecer certezas pretende estimular, a manera de una cartografía del devenir lesbitortiqueer, las aperturas de lo posible en el campo del activismo lésbico y del feminismo under.
Este es un modo de escritura de Potencia Tortillera, habrá otros ímpetus que le otorguen texturas y tonalidades creativas; sin embargo, en la cicatriz indeleble de la pertubación está su vitalidad.



Valeria Flores
fugitivas del desierto – lesbianas feministas
Neuquén, enero del 2008.-
* Gracias a Mariana Pessah por la hermosa foto que ilustra el artículo.


Bibliografía

Tortillaje guerrero – volante del 28 de junio – trolas del desierto-lesbianas pendencieras- 2006
Contrabandos queer. Beatriz Preciado Maire Hélene Bourcier, en “Miradas sobre la sexualidad en el arte y la literatura del siglo XX en Francia y España. 2001”. Universidad de Valencia, Vicente Aliaga comp.
Pensar sin estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Ignacio Lewkowicz. Bs As, Paidós, 2006.
Potencias de la variación. Entrevista con Maurizio Lazzarato en revista Multitudes. 2005. Traducción al español de la Revista “Sé cauto”, Cali, Enero-2005
Ciudadanía y sexualidad en la Ciudad de Buenos Aires. Aluminé Moreno. Revista Nómadas, Nº 24, abril 2006. Universidad Central – Colombia.
Saberes_vampiros@War, Beatriz Preciado en http://czc-virtual.blogspot.com/

[1] Es para destacar el caso de María José Muñoz, boxeadora, lesbiana, con expresión de género masculina, rapada a ambos lados de la cabeza, con una cresta incipiente, que fue acusada por el homicidio de la odontóloga Mariela Frydman (Página/12, 14/12/07). Ambas vivían en el mismo edificio. Muñoz, había denunciado al momento de su detención que era “perseguida por ser lesbiana”, ya que la línea de investigación del homicidio de Frydman, hallada atada y apuñalada en su departamento del barrio porteño de Núñez el 27 de noviembre, contemplaba una motivación pasional por parte de Muñoz. Afirmó al diario: “Yo soy como soy y no pienso cambiar en nada mi aspecto”, que anteriormente le valió dos semanas en el Penal de Mujeres de Ezeiza.
[2] Beatriz Preciado nos advierte que “Recientemente en Europa y después de algunos años en los Estados Unidos, se ha visto sobrecodificar, recolonizar a la palabra queer por el discurso dominante: Ardisson ya había registrado la palabra queer en 1998 en la INPI, pero es preciso esperar hasta 2004 para ver aparecer toda una serie de discursos normatizantes tanto mediáticos como académicos, que van a apropiarse del mote queer para tomarlo en sus propios efectos de saber-poder. El actual contexto de reapropiación exige un desplazamiento aún más vertiginoso”. Más allá de su advertencia, en el contexto local es notorio el uso superlativo del término con fines comerciales.

[3] Pensamiento desarrollado por Ignacio Lewcowicz
[4] “Por aquellas que están cerca y por las que ya no están/ por las camaradas caídas/ por las vencidas/ lamentación/ tributo/ evocación de deseo ardiente” Monique Wittig -Sande Zeig, “Borrador para un diccionario de las amantes”
El tortillaje guerrero es nuestra inscripción poética y política en los espacios de existencia por los que transitamos. Construimos como lesbianas una narración autobiográfica colectiva como forma de oposición a la naturalización de la heterosexualidad. Así, nos reapropiamos de la nominación abyecta de la sexualidad femenina, para hacer de ella el lugar de una reivindicación política y estética. Como estrategia de contra-poder, invertimos la injuria para descargarla de su energía brutal. El activismo es un campo de experimentación, un lugar de producción de nuevas subjetividades. Dibujamos con nuestra arquitectura corporal, las coordenadas de la condensación política de una experiencia vital, de la reivindicación de la sexualidad como espacio de politización. Las líneas de batalla que trazamos desde el impulso epistémico tortilla, incitan a la posibilidad de ser sujetas de enunciación del conocimiento y a la transformación del espacio público.
En una fecha como el 28J es prioritario hacer que la normalidad se dé cuenta de que ella misma es también una identidad, sólo que es la identidad dominante y la más opaca. La norma heterosexual no se revela de manera explícita, su fuerza reguladora radica en la afirmación e imposición tácita del deseo legítimo. Frente a los procesos de normalización, mercantilización y despolitización como métodos del Estado, el mercado y el capital para volvernos dóciles, nos situarnos como disidentes sexuales que renegamos del discurso de la asimilación e integración.
Nuestras prácticas son ensayos que parten de las experiencias personales y políticas, narradas y convertidas en contestación política. Somos lesbianas que nos resistimos a ser contadas por otros/as, con una praxis de deambular por las fronteras, siempre difusas y móviles, entre: lo artístico y lo político, el género y lo transgénero, el ser mujer y el ser lesbiana.
Frente a una historia de silencios y borramientos, nuestra tarea es la invención. El tortillaje guerrero es una ficción productora de realidad acerca de una posición política. Es una cartografía de las estrategias de resistencia a la heterosexualización del género y del cuerpo y un mapa de plataformas futuras de acción. Practicando una escritura desafiante, incisiva, contra el lenguaje del amo que domestica las palabras, construimos desde una sensibilidad guerrera este artificio teórico desde el que nos imaginamos y pensamos.
Para nosotras, el 28J no es un pedido de legalización ni de privilegios ni corrección política. Es un día de furia, de gestos de desacato que muestren la ideología conservadora y heterocentrada del discurso social así como la homo/lesbofobia en la subjetividad colectiva. Es un día de rabia, para mostrar el régimen excluyente de afectos y placeres producido por la unidad de la patria, la moral cristiana y el modelo de familia tradicional. Es otra forma de imaginar el mundo desde todos los lugares agredidos y criminalizados por esta maquinaria neoliberal y globalizante. Es un día confrontación desde el dolor y la bronca del silenciamiento, la vergüenza, la ignorancia, la degradación, la impugnación. Pero, sobre todo, es un día de celebración, de embriaguez por el goce y la creatividad; es un día para imaginar y hacer otro mundo.
[5] El objeto del saber, en este caso la lesbiana, se vuelve agente, a través del análisis y el desvío de los discursos y de las técnicas que lo habían producido como especie a controlar.